Como hijo de españoles, y como visitante reciente de algunos familiares que jamás había visto (eso me hace recordar que todavía tengo pendiente mis Notas de Viaje sobre Italia; bueno, nadie se ha mostrado ansioso), la situación de España me interesa. Pero sobre todo me interesa porque ofrece algunos paralelos estructurales (ojo!), en versión para países desarrollados y serios, de algunos problemas que hemos tenido nosotros no hace tanto.
La adopción del Euro como moneda es similar en sus consecuencias a la convertibilidad con el dólar – sin la megalomanía de Cavallo, claro. Su explosión de consumo tuvo un parecido, lejano, con la euforia de los sectores medios en los ´90. El hecho que su crecimiento económico se apoyara en ese consumo interno y sus dificultades para exportar manufacturas… lo mismo (Sólo que nosotros lo hicimos siguiendo las instrucciones de nuestro Gran Conductor Olmedo “Si vamo a hacerlo, vamo a hacerlo bien!“). En lo político, no hay un parecido de familia, lejano, por supuesto, entre Aznar yendo a las Azores con Bush y Blair para “decidir” la guerra con Irak y las sobreactuaciones de nuestro Menem? Y, Dios los salve, las declaraciones políticamente correctas y las vacilaciones de la gestión Zapatero no recuerdan, así a la distancia, a un gobierno que supimos tener luego? Sin De la Rúa, por supuesto; no se lo merecían.
No quiero exagerar. España tiene una clase dirigente política y empresaria de muchísimo mejor calidad que la nuestra. Tienen su cuota de ladrones, claro. Pero hacen menos el ridículo. Y muestran ser bastante patriotas. Además, en el plano material, su base industrial, aunque un poco avejentada, sigue siendo poderosa, con algunos sectores de primer nivel. Su red de protección social es admirable. Y ahí no aparecen sus Cachanovsky, sus Espert proponiendo recortarla… eso sí, sin aumentar los impuestos, para “recuperar la confianza de los inversores“. Todavía hay barrancos en Galicia que servirían muy bien para disponer de ellos (sus propuestas, digo).
De todos modos, hoy su situación económica es preocupante. Lucas Llach, en su blog La Ciencia Maldita, lo describe con un poder de síntesis que me da envidia y lanza su receta: volver a la peseta y devaluar (es lo mismo). En Finanzas Públicas, más politizados, el del 0.33% y sus comentaristas, algunos de ellos asiduos visitantes de este blog, barajan las diversas posibilidades y hablan mucho de historia y geopolìtica. Pero el consenso mayoritarios es que la rubia (la peseta) no volverá. Si España abandonase el euro, cuánto permanecerían en él Irlanda, los países bálticos, Italia…?
Me permito sugerirles que quizás debamos pensarlo más en términos de la Unión Europea y su dinámica. Toynbee señalaba, hace más de 60 años – y la observaciòn no era original – que las confederaciones laxas – como la liga de Delos, los Estados Unidos antes de la Guerra Civil, las posesiones británicas en el Cánada – no son perdurables. Inevitablemente, un proceso de tensiones las lleva a la disyuntiva de disolverse o formar una unión más férrea. La liga de Delos se desintegra, Estados Unidos y Cánada llegaron a ser lo que son hoy. En nuestra América, la Gran Colombia y la Confederación Peruano-Boliviana se separan, las Provincias Unidas terminan transformándose en la República Argentina, nominalmente federal.
La Unión Europea es hoy un ejemplo de manual de confederación laxa. Y que creen los economistas qué es un proceso de tensiones?
Escrito por Abel B.
Escrito por Abel B.
Escrito por Abel B. 