Francisco José Pestanha es uno de los pensadores nacionales y populares que cultiva, casi inevitablemente, el estilo Jauretche. Ojo, yo soy uno de los admiradores de Don Arturo, y, como en el video de Los Piojos que subí arriba, “le pido a San Jauretche que venga la buena leche”. Pero a veces me digo que no hay que limitarse a una sola cuerda, informal y campechana y peleándose con aquellos que no exigen mucho para demolerlos. Debatir concepciones de la sociedad y el individuo con una nota periodística de Susana Viau, como en este caso, me suena, para usar una metáfora que no despreciaría el maestro A. J., “gastar pólvora en chimangos”. Pero tengo que vencer mis prejuicios: aquí Pestanha escribió algo hermoso y, en ese lenguaje llano, tambíén profundo, y me gusta copiarlo para un 9 de julio.
“La Patria es un peligro que florece.
Niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
Leopoldo Marechal
Ciertas afirmaciones suelen esconder prejuicios inconfesables y, aunque se pretenda disimularlos, a veces emergen de los textos con prístina nitidez.
Tal es el caso de la columna aparecida en Clarín el 24 de junio de 2012 bajo el título “Moyano, Cristina, Vandor y Perón” donde la periodista Susana Viau – entre otras consideraciones relacionadas con el conflicto entre el gobierno nacional y el titular de la central sindical – sostuvo que Gabriel Mariotto “… portavoz del comité de crisis, batía récords oratorios con la palabra “patria”.
A ella, a “la patria” regresaba de apuro la Presidente; el conflicto de los transportistas de combustibles le ocasionaba “un gran dolor de cabeza a la patria. La patria de Mariotto tiene jaquecas, viaja en ómnibus, conduce automóviles, se ducha y cocina: no es un concepto, es un ser vivo. El pensamiento del vicegobernador, además de nacional y popular, es organicista”.
Aunque probablemente desconocida por el gran público a quien obviamente no pretende dirigirse Viau, la referencia con aires despectivos al “organicismo” que profesaría el vicegobernador, no hace más que remitirnos a una dicotomía que cruza el desarrollo histórico del pensamiento político y social, y sobre la cual, bien valdría formular alguna reflexión, aunque tal labor le hubiere correspondido a la ilustrada periodista.
El debate sobre la naturaleza de las sociedades data de antiguo, y entre otras tantas controversias despierta particular atención la disputa establecida entre organicistas e individualistas.
Los primeros en términos generales, conciben a las sociedades (cerradas) como verdaderos organismos, y a los pueblos, como unidades. Así para las versiones mas representativas de esta corriente el conjunto se encuentra por sobre el individuo.
Según autores como Norberto Bobbio, Platón y Aristóteles ya planteaban versiones organicistas de la sociedad acuñando particularmente este último razonamiento: “….el todo es anterior a la parte”.
Durante el período medieval predominaran en Europa las versiones orgánicas, y durante la modernidad y la postmodernidad, tanto en Europa como en América surgirán nuevas posturas organicistas inclusive desde positivismo filosófico.
Para los segundos, los individualistas, siempre prima el sujeto, lo individual sobre lo colectivo, el individuo sobre el conjunto, siendo este último, “producto de una actitud voluntaria” de cada una de las partes (Bobbio dixit).
Surgirá así el contractualismo, doctrina que se expandió a la vera del desarrollo capitalista y en especial a partir de la concepción del homo economicus, individuo que persigue su propio interés por sobre todas las cosas.
El autor citado precedentemente considera a Thomas Hobbes como el padre intelectual del individualismo.
Hechas estas compendiadas referencias, nada extraña que tanto Mariotto, como Marechal en el encabezado del presente texto, hayan hecho referencia en su prédica a formas simbólicas de corporización de la Patria, ya que sus posiciones presuponen una cosmovisión filosófica y epistemológica que, mal le pese a Viau, surgió desde la particularidad mestiza de nuestra Iberoamérica para intentar superar las limitaciones impuestas por un individualismo agobiante.
Debe recodársele a la periodista que a comienzos del siglo XX comenzaron a desarrollarse en nuestro subcontinente fecundas corrientes filosóficas que han aportado originales categorías al pensamiento social, y que además, nutrieron conceptualmente al movimiento político que encabezara el tres veces presidente de los argentinos Juan Domingo Perón.
El justicialismo como doctrina pero también como filosofía, se enraíza en una larga tradición de la filosofía como tal, y del pensamiento americano en especial.
Debe mencionársele, además, que Mariotto reconoce pertenecer al movimiento político cultural que filosóficamente cuestionó al individualismo y al liberalismo clásico, oponiéndole nociones como la de la libertad situacional, una concepción verdaderamente comunitaria de dicho valor.
Para el justicialismo, la libertad del individuo presupone anteriormente la libertad del conjunto. No hay sujetos verdaderamente libres en una comunidad que no lo es. Perón sostenía que resulta dificultoso para un individuo realizarse en ambiente adverso, inhóspito y subyugado.
Tal idea fue materializada por el conductor del justicialismo en una sentencia que resume su pensamiento “es muy difícil que un hombre pueda realizarse en una comunidad que no se realiza.”
Viau, de haber actuado con honestidad periodística, debería haber señalado que el organicismo que presupone el simbolismo discursivo de Mariotto no resulta similar al organicismo biologista concebido en el viejo continente, sino que procede de la imbricación entre filosofía y acción que en nuestra América proviene del carácter esencial de mestizaje.
Reconocidos filósofos como Armando Poratti sostienen, en ese sentido, que América no permite, pues, un lugar claro desde el que se la pueda “contemplar”, esto es, hacer “teoría” sobre ella. Se la entiende en la acción que al mismo tiempo la va creando, en el trato con los elementos y conflictos profundos que la constituyen.
En ese orden de ideas, la reconocida y respetable posición filosófica sustentada por el peronismo es en ese sentido, orgullosamente organicista, humanista y democrática y por ello no reconoce liderazgos sino conducciones porque no se puede conducir lo inorgánico.
La Patria en su acepción clásica, suele referir a la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole. Pero también nos remite a un fenómeno socio-histórico-cultural colectivo.
En los países periféricos la prioridad por la emancipación requiere de concepciones cohesivas no oprimentes que contribuyan a encauzar las aspiraciones colectivas respetando las individuales.
De la incomprensión de éste fenómeno, o de la ignorancia respecto a las alternativas que los argentinos hemos ensayado durante nuestro devenir común en busca de nuestra liberación material y cultural, tal vez provenga el prejuicio de la periodista.
Concluyo este breve texto con una poesía de Julia Prilutzky Farny, poetisa que compartiera largas jornadas de ilusiones y esperanzas con Eva Perón. Julia, no cabe duda, profesaría aún hoy un gustoso organicismo.
LA PATRIA
“Se nace en cualquier parte.
Es el misterio – es el primer misterio inapelable -
pero se ama una tierra como propia
y se quiere volver a sus entrañas.
Allí donde partir es imposible,
donde permanecer es necesario,
donde el barro es más fuerte
que el deseo de seguir caminando,
donde las manos caen bruscamente
y estar arrodillado es el descanso,
donde se mira al cielo con soberbia
desesperada y áspera,
donde nunca se está del todo solo,
donde cualquier umbral es la morada.
Donde se quiere arar. Y dar un hijo.
Y se quiere morir, está la Patria.“
Me interesó mucho su reflexión. Me parece entender que usted apela al elemento natural que da identidad común, democratizando las relaciones entre los hombres y estableciendo lazos de solidaridad entre los miembros. Pero en la negación de Viau a estos valores, me parece que cae también la construcción de un Estado de derecho suprasocietal, que el pensamiento individualista también rechazaría. La referencia de Poratti a la acción, sobre la contemplación (el “ver” de la teoría), que permite entendernos en nuestros conflictos, pone al descubierto lo que Viau pretende tapar con la ironía: que el pensamiento individualista y abstracto es profundamente antidemocrático.
Muy Buenos este post y el precedente, si bien disiento en cuanto a las aptitudes militares de Alvear, para lo que sugiero darse una vuelta por el Che Genetic con el post al respecto.
En cuanto a Viau, que Página emigró a Crítica, y de alli precedió a su jefe en la migración a Clarín, me parece que todo lo escribe en base a sus conocimientos y a su formación en cuadros de organizaciones de izquierda profundamente antiperonistas, y es precisamente esta última linea de pensamiento la que se impone en sus escritos, amén del resentimiento que le provoca que la construcción sociopolítica que pretendieron fracasó estrepitosamente, y el honestismo que pretende como periodísta es solo un disfraz de su rendición, conciente o no, ante esa otra gran corriente materialista que es el liberalismo económico.
Basta con ver los esfuerzos que en su momento dedicaron a desestabilizar el gobierno de CFK siguiendo los dictados del verdadero dueño desde el inicio de “Crítica de Aerolineas Argentinas”, es decir Antonio Mata, o como ahora, que ese honestismo no justifica una sola mención del PROcesado múltiple en sus artículos trabajando para y obedeciendo a quienes creen que viven en un país donde las leyes, que obedecemos los de a pie, a ellos no les incumben.
Viva la Patria, nunca menos y abrazos, hoy fuertemente argentinos y peronistas.