En este tema, el de los “relatos”, aunque esté muy de moda, yo me introduzco con mucho cuidado. Como le decía a una comentarista en mi respuesta a un mensaje privado, tengo una desventaja cultural: No he podido leer a los autores franceses que explican todo sobre el asunto. No que hice muchos esfuerzos, tampoco. En mi barrio decían “contate una historia“, y allí se terminaba la cosa.
Pero a uno le han asegurado, y lo cree, que “la única verdad es la realidad“. Y la realidad nos indica que, en política, los “relatos” son fundamentales. Especialmente después que, con la Revolución Francesa, se inició la era de la política de masas.
Entonces quería aportarles una idea – que no puedo asegurar, como les advertí recién, que sea original – pero que me parece importante. Y darles un ejemplo muy reciente.
Creo que la construcción exitosa de un “relato” no depende de la habilidad o elocuencia del que lo hace, ni tampoco, en gran medida, del aparato mediático o cultural que lo reproduce. Ni siquiera pienso que es un factor decisivo la autoridad o el prestigio de las fuentes que aparecen asociadas con él.
Entiendo que el elemento principal es que el “relato” que se transmite esté de acuerdo con alguno de los mitos básicos de la cultura al que el oyente, o el lector, o el televidente pertenecen. Junto con la necesidad de este sujeto de creérselo, estimo que son los factores claves de un relato exitoso.
Ahora estoy pensando en uno de los conceptos más antiguos y poderosos que encontramos en las leyendas de Oriente y Occidente, especialmente en el “Cuadrante Noroccidental” que incluye Europa, el norte de África, Arabia, el Medio Oriente y Persia: el de una sabiduría anterios, patrimonio de hombres sabios que vivieron antes, y que ha sido perdida o deformada por indignos sucesores: Resuena en muchas filosofías y religiones.
¿Qué tiene que ver esto con la política argenta? Bueno, ¿quién no ha escuchado la expresión “el legado de Perón“? Usualmente con la acotación que “estos” (los que tienen la manija en ese momento, sean los que sean) no lo conocen ni les importa.
Yo se lo he escuchado a muchísimos peronistas, en ocasiones muy diversas. Eso sí, salvando algunos, muy pocos, estudiosos en serio de sus obras, los demás reivindicaban como “el legado” algún momento de su trayectoria, el que más les interesaba en ese momento.
Es cierto que Perón fue inusualmente coherente en su pensamiento, para un dirigente político cuya trayectoria abarcó 30 años de cambios profundos en su país (muchos causados por él) y en el mundo. Pero era un dirigente político y, como tal, se movía en equilibrio sobre una realidad en continuo movimiento. Lo señaló con mucha lucidez “Los hombres creen que pueden dirigir los acontecimientos. Pobres angelitos!. Lo mejor que podemos hacer es una montura, para cabalgarlos” (De esta frase, como de todas, hay versiones diferentes. Pero el sentido no cambia).
Igual – y a pesar de esta afirmación rotunda – la acusación de desvirtuar el legado de Perón ha sido una herramienta tradicional en la política peronista a partir de 1974. Usada por muchos que la creían sinceramente (Y que en algún caso hasta tenían razón. Pero esa es otra historia).
Lo que se ha hecho habitual en los últimos años – confieso que al principio me sorprendió - es escuchar esta afirmación, “se han olvidado de Perón” o alguna parecida, en la boca de muchos que no tenían nada de peronistas. Inclusive, de algunos que fueron gorilas furiosos.
Naturalmente, como lo hacen los peronistas veteranos, reivindican como el “verdadero peronismo” a algún rasgo o actitud que Perón habría manifestado en algún momento, y que encaja con su percepción. A menudo, toman planteos que llevó adelante en un tiempo, ignorando otros, quizás muy cercanos. Pero eso no impide que crean sinceramente, y lo digan, que “esto” – la expresión peronista actual que les disgusta – “no es peronismo”. Ha caído en sus manos el legendario peronómetro.
No sé si me animaría a presentar esta percepción de una chicana política habitual con la pretensión de estar describiendo un elemento esencial de la construcción de “relatos”, sino hubiera leído ayer domingo, en las prestigiosas páginas de LaNación, lo que paso a contarles.
El columnista estrella de ese diario, desde hace muchos, muchos años, Don Joaquín Morales Solá, está describiendo a un ser peligroso para la economía y la salud de la República: “Todo el poder en manos de un solo hombre. Lo llaman “el virrey”. Es secretario de Estado, pero tiene más poder que todos los ministros juntos. La economía argentina no se mueve si él no la mueve. Está en condiciones de disponer de la vida de los argentinos enfermos. Sólo él decide qué empresarios ganarán y cuánto ganarán. No quiere aumentos salariales sin su consentimiento. Decidió que la Argentina vivirá o morirá con lo suyo, pero sólo con lo suyo. De espaldas a cualquier mundo. Ha puesto en revisión las políticas, las órdenes y los hombres de Néstor Kirchner. Se llama Guillermo Moreno.
“Están destruyendo el legado de Néstor Kirchner”, se oyó decir a un viejo kirchnerista“.
Recuerdo que en un post reciente califiqué de “pintoresca” a la pretensión de Alberto Fernández de ser custodio del “verdadero kirchnerismo”. Pero en boca de Morales Solá, me hace pensar que Joseph Campbell debería haberlo incluído en un capitulo de su clásico El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito.
[...] para un post casual. Pero encaja con que lo que reflexionaba en el post anterior sobre las condiciones para “relatos” exitosos. Agrego entonces: el disparador debe ser [...]
Sr. Fernández,
Su malestar ante la hipocresía de la cita de Joaquín Morales Solá es causada por una cita incompleta. En resto del párrafo se entiende que es una figura retórica para hacerle lamentar a Moreno (u a otro Kirchnerista fervoroso) el legado perdido.
Más adelante en la nota JMS opina muy claramente que el legado de Kirchner está intacto y sus métodos son continuados hasta sus últimas consecuencias.
Volviendo al relato, sería muy alejado de los mitos básicos del lector de LN un panegírico al método Populista/Paternalista/Intervencionista (táchese lo que no corresponda) por lo que el autor evitaría tal desatino.
Atentamente
Rechacé en su momento el concepto de “relato”, por considerarlo teorético, de mala sociología e innecesario. La palabreja nace de las cenizas de las ideologías, pero es malsana, porque lleva a una individuación del pensamiento político y social, lo que conviene a los profesores de ciencias políticas, pero disuelve por separación el intento de verdad común.
Si aceptamos que lo que ha dicho Horacio Verbirtsky en estos últimos años es un “relato”, tenemos que poder compararlo con el similar aunque a veces opuesto de Joaquín Morales Solá, por ejemplo.
Prefiero el antiguo y sano concepto de opinión personal y si habla una institución, de postura institucional.
No existe un “relato” oficial, sino multiplicidad de expresiones que conllevan algún significado político.
Tenemos, sí, la voz de Cristina, con definiciones y sentimientos mas propias de un ama de casa o militante primaria, y de tanto en tanto, con pronunciamientos de importancia. Su discurso es tan berborrágico y confuso, que resulta más importante su ataque a la tendinitis que a Inglaterra.
No conozco un relato industrial, entre otros silencios.