Hace un par de días prometí “trataré de subir cosas más actuales” en una columna de comentarios donde estábamos discutiendo cosas que pasaron hace más o menos 70 años. Además, se me ocurre que el blog está demasiado volcado a la política como actividad. Está bien, es apasionante, y Heinlein la llamaba “el único juego para adultos”. Pero puede dejar encerradas nuestras mentes en caminos muy estrechos, si no nos cuidamos.
Así que cuando encontré algo original y desafiante sobre la “piratería intelectual”… a subirlo. Es un tema muy político: Hay intereses económicos poderosos, en capitales y en influencia, afectados; hay una reacción gremial de “trabajadores de la cultura” que se hace oír; hay personalidades mediáticas que toman posiciones… Hay una postura generacional, idealista y transgresora, que no acepta la legitimidad de los “derechos intelectuales” en tanto restrinjan el acceso a sus productos. Y, por supuesto, hay una floreciente industria de la piratería, en DVDs, CDs y hasta libros, que mueve casi tantos capitales como la otra, y que se extiende desde Shanghai a La Salada, y cuyas bocas de expendio están en cada estación de subte…
Pero ¡atención!: en breve tiempo, esta industria “pirata” está tan amenazada como la otra. Los avances de la banda ancha en Internet hacen que todos los productos intelectuales puedan ser copiados ilimitadamente, sin costo. En realidad, la pelea por y contra la propiedad intelectual como la conocíamos está íntimamente relacionada con la que se da en torno del “software libre”. Sólo que aquí, en defensa de la propiedad, en lugar de empresas como Microsoft y Apple ponen la cara escritores, editores y artistas.
Eso sí, política como es esta pelea, lo bueno que tiene es que es demasiado nueva, y cambia tan rápidamente con la tecnología, que – salvo algún presidente francés ansioso de publicidad – las fuerzas políticas que luchan por el poder no la han incorporado en sus programas. Por ahora, nadie será incluído en una lista por sus posturas en este tema, y no entra en las discusiones de K y anti K.
Lo difícil para mí fue decidir cómo clasificarla entre las entradas del blog, entonces. En “política” guardo lo que tiene que ver con conseguir y administrar poder. Pensé que lo más apropiado sería “economía”. Porque muestra – lean el texto siguiente – que hay una economía – por ahora en un ámbito muy restringido – que está libre de las limitaciones tradicionales del mundo de la escasez. Los llamados “neocon” o neoliberales – en realidad, los defensores ideológicos de un capitalismo sin restricciones – tienen una frase/consigna “No existen los almuerzos gratis”. Tienen mucha razón, claro. Pero no pueden percibir la parte de razón que no tienen, y eso los convierte en tan irrealistas como los marxistas dogmáticos.
Bueno, basta de mi palabrería. Esto es lo que Hernán Casciari, autor de la blogonovela “Más respeto que soy tu madre” (adaptada para el teatro por Antonio Gasalla) y editor de la revista Orsai (sin publicidad y con venta anticipada), escribió para RADAR, el suplemento cultural de Página 12. Es más o menos largo, comparado con la mayoría de los posts del blog, pero está mucho mejor escrito y empieza el finde. Al final, un pequeño obsequio mío.
“PIRATAS Y TIBURONES. La semana pasada, la exitosa escritora valenciana Lucía Etxebarría (Beatriz y los cuerpos celestes, Un milagro en equilibrio, Premio Planeta 2004) anunció su retirada indefinida del mundo literario como forma de protesta contra la piratería. Una parte del mundo editorial salió a apoyarla. Hernán Casciari dio a conocer esta carta en la que dice a Lucía que no es para tanto y que los malos están en todos lados.
El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.
Al mismo tiempo, una escritora española acaba de informar que dejará de publicar. “Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros”, dijo ayer Lucía Etxebarría. La prensa tradicional se hizo eco de sus palabras y la industria editorial la arropó: “Pobrecita, miren lo que Internet les está haciendo a los autores”.
A nosotros nos ocurre lo mismo. Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero les pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los pdf gratuitos de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en Internet.
Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.
Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?
La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo.
Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: “qué bueno, cuánta gente me lee”. Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: “qué espanto, cuánta gente no me compra”.
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.
El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.
Dicho de otro modo: no es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre, sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan. Mundo viejo, mundo nuevo. Hace un par de semanas viví un caso muy clarito de lo que ocurre cuando estos dos mundos se cruzan. Se lo voy a contar a Lucía, y a ustedes, porque es divertido:
Me llama por teléfono una editora de Alfaguara (Grupo Santillana, Madrid); me dice que están preparando una Antología de la Crónica Latinoamericana Actual. Y que quieren un cuento mío que aparece en mi último libro, “un cuento que se llama tal y tal, que nos gusta mucho”.
Le digo que por supuesto, que agarre el cuento que quiera. Me dice que me enviará un mail para solicitar la autorización formal. Le digo que bueno.
A la semana me llega el mail, con un archivo adjunto:
“Estimado Hernán, te explico lo que te adelanté por teléfono: Alfaguara editará próximamente una antología de bla bla bla cuya selección y prólogo está a cargo de Fulanito de Tal. El ha querido incluir tu cuento Equis. Si estás de acuerdo con el contrato que te adjunto, envíame dos copias en papel con todas las páginas firmadas a la siguiente dirección” (y pone la dirección de Prisa Ediciones, Alfaguara).
Abro el archivo adjunto, leo el contrato. Me fascina la lectura de contratos del mundo viejo. No se molestan en lo más mínimo en disfrazar sus corbatas.
Al cuento que me piden lo llaman “La aportación”. En la cláusula 4 dice que “el editor podrá efectuar cuantas ediciones estime convenientes hasta un máximo de cien mil (100.000)”. En la cláusula 5, ponen: “Como remuneración por la cesión de derechos de ‘La aportación’, el editor abonará al autor cien euros (¿100?) brutos, sobre la que se girarán los impuestos y se practicarán las retenciones que correspondan”.
Pensé en los otros autores que componen la antología, los que seguramente sí firman contratos así. Cien euros menos impuestos y retenciones son sesenta y tres euros, y a eso hay que quitarle el quince por ciento que se lleva el agente o representante (todos tienen uno), o sea que al autor le quedan cincuenta y tres euros limpios. No importa que la editorial venda dos mil libros o cien mil libros. El autor siempre se llevará cincuenta y tres euros. ¿Firmará Lucía Etxebarría contratos así?
Esa misma tarde le respondí el mail a la editora de Alfaguara:
“Hola Laura, el cuento que querés aparece en mi último libro, que se distribuye bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported, que es la más generosa. Es decir, podés compartir, copiar, distribuir, ejecutar, hacer obras derivadas e incluso usos comerciales de cualquiera de los cuentos, siempre que digas quién es el autor. Te regalo el texto para que hagas con él lo que quieras, y que sirva este mail como comprobante. Pero no puedo firmar esa porquería legal espantosa. Un beso.”
La respuesta llegó unos días después; ya no era ella la que me hablaba, sino otra persona:
“Hernán: entendemos esto, pero el departamento legal necesita que firmes el contrato para que no tengamos problemas en el futuro. ¡Saludos!”
Y ya no respondí más nada. ¿Para qué seguir la cadena de mails?
La anécdota es esa, no es gran cosa. Pero quiero decir, al narrarla, que no hay que luchar contra el mundo viejo, ni siquiera hay que debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo. No tenemos que ver al mundo viejo como aquel padre castrador que fue en sus buenos tiempos, sino como un abuelito con Alzheimer.
–¿Me das eso? –dice el abuelito.
–Sí, abuelo, tomá.
–No, así no. Firmame este papel donde decís que me das eso y yo a cambio te escupo.
–No hace falta, abuelo, te lo doy. Es gratis.
–¡Necesito que me firmes este papel, no lo puedo aceptar gratis!
–¿Pero por qué, abuelo?
–Porque si no te cago de alguna manera, no soy feliz.
–Bueno, abuelo, otro día hablamos… Te quiero mucho.
Y de verdad lo queremos mucho al abuelo. Hace veinte, treinta años, ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos.
No hay que debatir con él, porque gastaríamos energía en el lugar incorrecto. Hay que usar esa energía para hacer libros y revistas de otra manera; hay que volver a apasionarse con leer y escribir; hay que defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá. Pero no hay que perder el tiempo luchando contra el abuelo. Tenemos que hablar únicamente con nuestros lectores.
Lucía: tenés un montón de lectores. Sos una escritora con suerte. El demonio no son tus lectores; ni los que compran tus novelas ni los que se descargan tus historias de la red.
No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas.
Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo”.
Ésta es la página donde hace un año Casciari puso a disposición el primer número de Orsai. Claro, el hecho que escriba o edite bien, no da más peso lógico a sus argumentos (Oscar Wilde escribió sobre eso). Pero, si todavía no la conocen, pienso que les ayudará a formar su opinión.

Estimado Abel,
Feliz año atrasado. Muy interesante artículo y gráfica del post. Consultado sobre el fenómeno de la venta de CDs ilegales, Juaquín Sabina dijo lo siguiente:
“…creo que los grandes piratas de la industria discográfica están en las multinacionales. Sé que perdemos dinero con el ‘top-manta’, pero quienes más pierden son los que más ganan. Así que vaya lo uno por lo otro”
EL tema no alcanzó la política partidaria en la Argentina, pero si en Europa. En Berlín, la capital de uno de los “países serios” por excelencia, el partido de los piratas (piratenpartei) obtuvo el 9% de los votos en las elecciones locales de septiembre último. El partido pirata también se encuentra presente en otros países europeos y ha logrado ubicar representantes en legislaturas locales de la Rep Checa, Suecia, Suiza y España.
Abrazo,
Andrés V
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Es un tema complejo, y mucho Abel, donde solo se estan dando los primeros pasos, y, hay cosas que se entremezclan ahi, y mucho.
No es solamente el bajar libros/musica/peliculas, es el uso de Internet, el costo de la Infraestructura y la penalizacion que sufren quienes no bajan cosas o solo ocasionalmente.
El bajar XX de Internet tiene mas victimas que la industria editorial, me tiene a mi, cuando la nevegacion es lenta, los que hablan por Skype tambien penalizan cosas, a mi cuando quiero ver algo tambien.
por eso, lo que Ud dice arriba es parte del paradigma, el caño es libre e infinito, no lo es, y no lo sera nunca.
Casciari tiene razon, la tiene? volveremos a las epocas donde los musicos sobrevivian vendiendo partituras?, ya casi estamos, los musicos ganan mas por recitales que por su produccion en medio fisico.
Lo que si probablemente sea cierto es que el modelo de intermediacion este muerto, y de ahi el exito de Kindle, sino la tiene, se la recomiendo.
Pero, volviendo a su post, me suena pedante Casciari (a mi), es como decir, vos no podes vivir de lo que te compran por Internet, yo si, vos sos demodee., y, la verdad, no es cierto.
Sera quizas que estoy demasiado influido por los que creen que las cosas en Internet son faciles, sencillas y gratis, y que el resto no tiene importancia, y, la verdad que si, no?
saludos
Incluso para defender jurídicamente al autor ,hay que conocer con solvencia todas estas nuevas ciencias tecnológicas a fondo.
Ya en la forma en que circulan por internet todo tipo de publicaciones importantìsimas Y SUMAMENTE VALIOSAS para quienes les dieron vida con su inspiración ,se por casos que me han tocado QUE REALMENTE AMARGAN MUCHÍSIMO e incluso manosean al afectado.
También resulta a veces más que difícil la identificación y sobre todo las indemnizaciones posteriores por el daño patrimonial a los afectados.Muchas veces he tenido que reclamar hasta por daños físicos provenientes de las enfermedades de tipo nerviosos que provoca esta real plaga moderna.
Son nuevos ámbitos que deberían regularse desde el vamos o sea desde el momento en que el adelanto se produce y no es así.Se dejan pasar años y años sin legislación vigente.
Un profesor mío ,el DR Guastavino -YA FALLECIDO -quien fué miembro de la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA escribió con ahinco en sus últimos años sobre el tema.
ADA E IDO DICEN: uh uh, este tema, que se pueda conseguir gratis no es el punto “politico”. Es mas bien natural que si podes tomar gratis algo que no le genera ningun costo ni esfuerzo a nadie por el echo de que lo estes copiando o bajando, la gente lo va a hacer. Es como pedirle un vaso de agua al vecino.
El punto “politico de todo esto es que, aun gratis, para que la produccion llegue al publico igual son necesarias las viejas formas seductoras del mercado.
Nomas da la vuelta, cambia el punto de vista del que consume lo que piratea y ponete del lado del pirateado. Cualquiera con dos dedos de frente quiere ser pirateado, ( la plata le entrara, de maneras indirectas, pero le entrara igual)
Cuando te pones del lado del que desea ser pirateado y consumido, entran en juego las mismas leyes de marketing, seduccion, fama e influencias que han manejado el mundo estos ultimo 50 años.
Por esta razon el pibe casciari no nos parece muy interesante. Es otro jipie mas con la mania de estar afuera
del lado correcto.
http://fashionistasyperonistas.blogspot.com/
[...] a la madrugada subí una nota/declaración de Hernán Casciari ”a favor” de la piratería. Me interesó porque era la toma de posición de un autor [...]
[...] la filosofía del tema subí hace poco un par de posts, éste y éste, que tuvieron interesantes comentarios. Pero me parece que falta una visión más cercana a [...]