Para que no se interprete mal: las dice como opositor, dirigiéndose a las fuerzas políticas opositoras. No quiero sonar sectario, pero sentía que después del impacto de las elecciones del 14 de agosto, sólo escuchaba o leía pavadas confusas en esa área.
Encontré esta nota de Tomás Abraham, que había pasado por alto, linkeada en el blog de Gerardo Fernández. Mi tocayo la toma con un poco de ironía “La prensa no tiene corazón, Tommy“. Y está justificado, porque Abraham pone su énfasis en cuestionar a la prensa que hoy denigra a la oposición. “Nadie puede desconocer que muchos de los que hoy califican al arco opositor con todos los epítetos degradantes que encuentran a mano optaron, por medio de distintos canales de expresión, favorecer a algunos de sus representantes y, a veces, hasta lo hicieron con entusiasmo“.
Cierto. Pero eso tiene su origen en que “la prensa que hoy denigra a la oposición” fue, como señalaba, entre muchos, Oscar Cuervo en este blog, el Estado Mayor de la oposición. Y, como repetí algunas veces, los gerentes de multimedios – como el arma de caballería – no tienen un talento especial para la política.
Lo que encuentro valioso en esta nota de Abraham son estos párrafos que voy a copiar abajo. Otras cosas que dice me parecen equivocadas. Y no suscribo todo lo que señala en éstos. Pero sí creo que dan material para pensar a políticos opositores. Hasta, se me ocurre, a oficialistas.
“De acuerdo con este irrefrenable ímpetu de oponerse, se denuncia que el sistema republicano en nuestro país está en peligro, que una nueva dictadura se avecina, se advierte que la prensa libre será silenciada y que, por motivos sombríos y de interés sectorial, ya sea por el voto-empleo, el voto-cuota, el voto plasma y el voto-apatía, nuestra ciudadanía ingresa inconscientemente en el corral cual rebaño entregado al sacrificio bíblico. Un nuevo holocausto.
Vaya uno a saber si esta temida presunción es verosimil o no, todo puede pasar en este mundo imprevisible. Los agoreros pueden vaticinar una cosa y/o cualquier otra. Las disyunciones no siempre son excluyentes. En todo caso, la crítica opositora de la prensa, reflexión mediante, se concentra en el peligro que amenaza a las instituciones de la República y en el temor ante la posible y temida crisis económica a la que un gobierno clientelista nos puede irresponsablemente conducir.
Un nuevo Rodrigazo, acompañado por el caos político, es una situación límite que hay que neutralizar antes de que sea tarde. Por eso, la prensa anti-K llama a una coalición para la salvación nacional, que nuestros políticos mediocres han desoído dejando a la ciudadanía a merced de un poder inescrupuloso.
No somos un pueblo caracterizado por la moderación, sino más bien una comunidad de exagerados volátiles, con tendencia al hiperbolismo, lo que nos conduce, por sentimientos de necesidad y urgencia, a tomar decisiones erradas y apresuradas.
Rápido un plan económico para que lluevan inversiones. Rápido un acuerdo con el Club de París para que lluevan créditos a tasas bajas. Rápido reinstalar el verdadero Indec para que mida el 25% de inflación. Todo rápido y posible como si en nuestro país las decisiones económicas estuvieran a merced de la genialidad de un par de hombres y no del estrecho abanico de opciones que nos deja el mercado mundial.
A Menem no le quedaba otra medida posible que las privatizaciones, la convertibilidad y aceptar el plan Brady. Los que no lo creen pueden preguntarles a los sabios de los 90 qué otras medidas ignotas tenían en cartera. De la Rúa, con déficit estructural, sin financiación externa, una deuda impagable y monedas espurias en varias provincias, poco podía hacer si no bajaba el gasto. Y los Kirchner, con el regalo de la devaluación y el default declarado, más la eclosión de precios de lascommodities , no hicieron más que aprovechar la ocasión que la globalización ponía en nuestras puertas.
Del mismo modo en que lo hizo, con mayor o menor éxito, todo el tercer mundo (hoy, países emergentes).
No hacemos lo que queremos sino lo que podemos, por más que se hiera nuestra vanidad y sentimiento de grandeza. La mentada autoestima no consiste en el maquillaje tecnopolítico y un desfile bicentenario, como tampoco lo era con la Argentina Potencia ni el Mundial 78. La autoestima, por lo general, no se proclama a los gritos sobre un taburete, no es un síndrome maníaco-depresivo, sino un accesorio lateral que reporta un poco de serenidad.
No se trata de juntarse contra el Gobierno y poner en marcha el famoso plan con sus increíbles medidas si queremos evitar una crisis terminal que destruya la República.
Por mi parte, no creo en este tipo de fatalidades. Un país dependiente como el nuestro necesita hilar fino y por un buen tiempo. En un momento político como el actual, lo que hay que hacer no es lo que la prensa furiosa sugiere y recomienda. No hay que juntarse, sino, por el contrario, lo que hay que hacer es diferenciarse. Lo que no quiere decir arrogarse la primacía política sobre la base de una pureza doctrinaria e ir al frente ciudadano con espíritu de secta, sino profundizar aún más el pensamiento propio y encarar cada uno de los problemas del país para ofrecer una alternativa posible a la conducción actual. Si de establecer acuerdos se trata, hacerlo con sectores políticos con los que hay coincidencia en valores, propuestas estratégicas comunes, prioridades políticas consensuadas, y que la heterogeneidad de tradiciones, la variedad de héroes epónimos y la historia singular que se evoca no sean un obstáculo para construir en el tiempo una opción consolidada por una larga marcha juntos.
No hay como la convivencia y la tarea diaria -ya sea en el Congreso y respecto de temas puntuales de la coyuntura nacional- para probar la consistencia de una unión. Cuando los interesados sólo se juntan porque no soportan la soledad y los une la desesperación, lo más probable es que el vínculo estalle por falta de triunfos inmediatos o que la inercia prolongue una asociación abúlica sin protagonismo alguno“.
Muy interesante el punto de vista de Abraham, pero pierde de vista algunas cosas.
Ciertamente el desempeño de la economía Argentina está correlacionado con el de países de la región y Alfonsín gobernó durante la década perdida en latinoamérica, Menem durante el período del Consenso de Washington y De La Rúa en medio de la debacle de los mercados y la crisis desatada en Rusia, pero ¿eso justifica el determinismo conformista con el actual gobierno?
Es repugnante el espectáculo del saqueo constante al que nos vemos sometido ¿eso es inevitable? ¿cualquier otro gobierno haría más o menos lo mismo?
Como sea, la economía está en una dinámica insostenible, los precios en dólares en Argentina están por las nubes: los alimentos cuestan más caros que en Estados Unidos y Europa.
Alimentos que Argentina produce y exporta (retenciones mediante)
Curiosamente el gobierno propagandiza que pagamos por servicios como el transporte valores muy bajos: a pesar de ser importadores netos de energía.
¿Se entiende? subsidiamos actividades que consumen insumos importados (gastando y currando miles de millones) y la producción local de alimentos tiene precios por encima de los que se pagan en los supermercados del primer mundo.
Me parece que es algo a reprochar al gobierno ¿no les parece?
Lo de Abraham, como de costumbre, es muy lúcido.
El gran drama nacional es que la oposición es una dispersión patética, pero el oficialismo no merece gobernar ni a Haití.
Es imposible elegir por el menos malo. Es cristinismo ganará solo por ser mas poderoso, no por mejor.
El artículo de Abraham es curioso. Declara que no hay que pegarle a la oposición, pero él precisamente engancha párrafos y párrafos pegándole a la oposición… para salvar a Binner.
Creo que este artículo se explica por la circunstancia de que Binner no logra desengancharse políticamente del resto del arco opositor. El candidato santafesino había realizado gestos sorpresivos como pedir y obtener una reunión con la CGT y escribir una carta abierta que no estaba plagada de insultos a la Presidenta. Pero estos gestos valerosos de independencia frente a la devoradora prensa antioficialista fueron mermando hasta la anorexia cuando se produjo la visita afable de Schoklender al congreso. Cayeron en el circo mediático y por lo tanto, merecen el jocoso y triste escarnio de Pagni.
Abraham dice que la prensa debería moderar su malhumor contra los dirigentes opositores. O sea, sigue pidiendo buen trato de parte de los periodistas. Esto es anticuado: no lo obtendrá. A la prensa no hay que proponerle la paz. Hay que guerrearla, develar sus oscuros intereses y bancarse las diez tapas en contra, cuya ineficacia ya quedó al descubierto para cualquier persona que examine los hechos recientes con desprejuicio.
tomas descubre la incertidumbre y avisa que el destino de ser el envase de toda razon se a convertido en un trabajo que ninguno sabe hacer.
fijate acevedo y gonzales si no.
La verdad que una trayectoria como la de él en filosofía para llegar a estos puertos me parece bastante pobre. ¿Qué es lo interesante del artículo? Que señala algunos miramientos en contrario a lo que venía habitualmente en los diarios de mayor tirada. Bueno, para el caso Sirven hizo lo propio. Sí le reconozco que va contra la corriente en la rejuntada opositora, pero lo dice ahora post agosto, no se le ocurrió en sus ‘raros momentos de ocio filosófico’ anteriores a las PASO.
Somos un pueblo poco moderado, no como… ups, como cuál? Su adorada Francia con su ‘tradición de DDHH? Como EEUU con su hermoso tratamiento racial y que ante un corte de luz vienen los saqueos? Ah, no, tal vez como la moderadísima Alemania.
Decir que el viento de cola y que las circunstancias hacen al gobierno y que no queda otra que hacer lo que se hizo, es una variante de antipolítica, sutil pero, así planteada, simplemente estúpida. Si querés defender a Binner hacelo explícito o que no se note tanto, este punto intermedio te deja chueco Tommy.
Resulta que el viento de cola explica todo, entonces: para qué quiere otro en el gobierno si ese otro gobierno haría lo mismo? No hay intervención del Estado en la economía, con lo cuál cuáles son las atrocidades de este gobierno? ¿Para qué oponerse a M*m si al pobre no le quedaba otra que privatizar y demás? Ya cuando llegamos a De La Rua al cual Tommy había defendido en algún momento, sospechamos que el muchacho está con algún problema.
Pero lo más importante (no está en esos párrafos sino en otra parte del artículo): en términos políticos, institucionales, administrativos, en fin, que me lo explique desde algún ángulo, en qué carajo nota la ‘falta de apego a la Constitución’? ¿Me lo puede demostrar Abraham o es una de esas intuiciones futurológicas?
Cuando uno lo ve venir de lejos a Abraham el dueño de medias Tom, recuerda la cancioncilla aquella de Ciudadela por TV anque algunos ‘conflictos’ laborales muy ‘republicanos’ y de defensa de la Constitución, pero lo ve venir y piensa que viene con un tapado y se pregunta si es de zorro, de bisón (al final influenciado por Foucault estaba nomás eh), pero a poco uno se da cuenta que son sus pelos de gorila los que le nublan la visión y confunden al interlocutor.
Ya ni pasan por interesantes estos tipos, si hasta viejos contertulios de ‘las reuniones de los jueves’ le perdieron hace rato el respeto.
Me parece que a falta de criterios interesantes en la oposición empezamos a valorar cualquier cosa que no sea la misma comparsa de siempre. Si al primero que se corre de la comparsa lo consideramos interesante aunque todavía tiene la ropa con canutillos puesta, es porque hay algo que está definitivamente mal.
Eso es pobre y a la postre, nos deja en un mal lugar, porque también nos medimos por los adversarios. No nos confundamos, de momento, el único adversario que podemos considerar son las enormes cosas que faltan, pobreza, inequidad y exclusión, es en el terreno de la gestión donde nos medimos.
Saludos
Lo señalado por Ladislao Fokas me parece mucho mas lúcido que lo expuesto por el “guia filosófico” del FAP, Tomás Abraham.
En definitiva, el filósofo de antepasados rumanos cae en el mismo latiguillo del orden opositor repetido hasta la locura durante los últimos años: el del viento de cola y el “oportunismo” de Nestor Kirchner para acomodar el velamen (supongo) y aprovechar tan favorable circunstancia. Es un marco de análisis político rudimentario que los sitúa ante una realidad que no logran comprender del todo, parece, y que explica la hecatombe electoral de las primarias.
Probablemente estos tipos jamás se tomarían el trabajo de realizar una decostrucción previa, a fin de de realizar una vasta interpretación lo mas objetiva posible, del proceso político argentino de los últimos años, revisar vaticinios, repasar indicadores.
Desde esa misma perspectiva el somero repaso por las gestiones gubernamentales Menem / De la Rúa resultan escandalosamente livianas y vergonzantes… parece chiste.
El mío es un “oficialismo escéptico”, realismo político a secas, aunque no la miro desde tan afuera y prefiero salpicarme con barro un poquito, pero te pregunto Gerardo Gonzalez ¿por que este producto político argentino no merece gobernar a su pueblo ni a Haiti? Si contiene dentro de si todos los vicios y virtudes de este tubulento pueblo…