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El mundo sigue andando, mientras nosotros enfrentamos nuestros dilemas locales. Eso sí, los cambios muy rara vez son tan dramáticos como quieren convencernos los editores de periódicos. Por eso, siempre insisto en que, más que el titular del día, uno debe tratar de discernir si esos cambios son acumulan, y en qué dirección. Este post trata de llevar al lenguaje de la gente de a pie – entre los que me cuento – algunos problemas globales que afectan el destino de nuestro país.
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El fin de semana pasado dió un buen ejemplo de como los titulares, sin decir mentiras, esconden lo importante. Los ministros de Economía y banqueros centrales del G-20, el grupo de los principales países desarrollados y en desarrollo (estuvo nuestro joven ministro de economía, el Amado Boudou, porque Argentina es miembro, recuerdan?) cerraron su reunión en Gyeongju, Corea del Sur con un acuerdo para una reforma del Fondo Monetario Internacional. La Nación dice que es “profunda“, el Financial Times afirma que es “histórica“, el ministro de Hacienda de Brasil Guido Mantega (los cariocas son efusivos) anuncia que crea un “nuevo Fondo“, mientras que Pueblo en línea (el órgano del gobierno chino) se limita a señalar, con reserva oriental, que es un acuerdo “destacado“. El director del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, también resaltó su importancia, pero, bueno, es su cargo.
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En la opinión de este humilde blog, es nada entre dos platos. Pero como no soy una autoridad, les sugiero que evalúen por sí mismos (en especial los miembros de la blogosfera económica, pero no sólo ellos). La nota de La Nación que linkeo arriba es un buen ejemplo de periodismo económico: es breve y razonablemente completa.
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Repasando las otras fuentes, sólo se pueden agregar puntos menores: Argentina pierde poder de voto con esta reforma (en serio, es muy menor: del 0,86 % nos iremos, quizás, al 0,82 %); Gran Bretaña está inquieta porque está más cerca de perder su asiento en el Directorio (“tu pompa de ayer, es una con Nínive…” les había advertido Kipling). Un poquito más importante es que EE.UU. conserva su poder de veto: tiene el 17,67 % de las cuotas, y para las decisiones clave se requiere una mayoría especial del 85 %.
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Pero nada de esto es significativo: el F.M.I., con o sin el aumento de las cuotas, no es un Banco Central global. Su rol es, desde hace bastantes décadas, el de auditor de los Estados deudores, cuya tarea es atestiguar que están haciendo las políticas correctas. Correctas, claro, de acuerdo al criterio de los inversores. Nuevas caras en el Directorio no cambiarán, no pueden cambiar, esa realidad.
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No resisto a la tentación de citar el resumen el resumen que hizo Gary Tanashian, uno de los dateros, emm, analistas bursátiles más escuchados en USA: “Mientras tanto, el mundo no se va a acabar, pero se está realineando. El capital se asusta porque gran parte de él sabe que ha sido creado de la nada por un sistema que depende de la confianza implícita para que no termine en una gran inflación. Hace todo más intenso el hecho de que Bernanke admite que la Reserva Federal está manipulando el mercado de bonos del Tesoro…“
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No estoy diciendo que esos ministros de Economía y banqueros perdieron su tiempo, y que Boudou debería haberse quedado aquí (En realidad, es mejor que viaje y desarrolle contactos internacionales, en lugar de armar peñas para gente dudosa). Este tipo de modificaciones menores en los mecanismos de ajuste del sistema global son justamente el trabajo de ellos, y es necesario. Pero es un error o un engaño presentarlos como cambios.
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Como en la historia de Sherlock Holmes, lo importante del G20 es lo que ha renunciado a hacer. No se plantea tomar medidas para evitar la “guerra cambiaria” que, justamente, Guido Mantega fue de los primeros en advertir. Anuncia, eso sí, que se “avanzará hacia un sistema bancario que esté definido considerablemente por las fuerzas del mercado y en el que no se produzcan devaluaciones de divisas para ganar competitividad“. Es decir, la idea es que las devaluaciones las hará la Reserva Federal, imprimiendo dólares.
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Estamos a las puertas (ojo: todavía no entramos) de la pesadilla de los estadistas de EE.UU. y Europa Occidental, formados a la sombra de la Gran Depresión de los ´30, que crearon los acuerdos de Bretton Woods y el mismo F.M.I.: el escenario de países desarrollados que tratan de luchar contra el desempleo y colocar sus exportaciones, devaluando sus monedas, y creando barreras paraarancelarias. Y como todos hacen lo mismo… el comercio internacional cae drásticamente. (Ricardo Arriazu da aquí una historia breve de esa época).
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Todos los actores son conscientes de este peligro, pero es muy difícil evitarlo (Aclaración para los que, como Manolo, gustan de la Teoría de los Juegos: es el clásico “problema de los comunes”). Porque también todos – todos los que pueden tomar estas decisiones – saben que los países que se aferraron más al valor de su divisa en esos años – Inglaterra, por ejemplo – son los que sufrieron más la Depresión. Hoy, la Unión Europea parece peligrosamente cerca de asumir ese rol.
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Por suerte, este es un problema, en primer término, para los grandes jugadores. Los países emergentes, como se les llama ahora, no contamos ni remotamente con un mercado que pueda reemplazar a los que la Crisis financiera marchitó en el Atlántico Norte y en Japón. Es cierto que a China a veces se lo considera como un país emergente, pero uno tiene la impresión que Beijing puede cuidar de sus propios intereses (Mantengamos buenas relaciones, eso sí, en todo lo que no sea permitirles ahogar nuestras industrias. A China, por lo que se ve, no le gusta aparecer aislada en los foros internacionales).
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En este escenario de “pre-guerra”, nuestro socio principal, Brasil, ya está tomando medidas preventivas para evitar el ingreso de capitales que provoquen una excesiva valuación del real. Argentina… se enfrenta a una situación delicada. Por un lado, tenemos una experiencia muy reciente y dolorosa sobre los peligros de un retraso en el tipo de cambio (Hoy escuchaba a Débora Giorgi hablar sobre eso). Por el otro, acelerar el ritmo de la devaluación del peso echaría combustible a un proceso inflacionario que ya impacta en varios rubros clave, como los alimentos.
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No hay recetas simples. El valor de nuestra moneda, en relación a las de los países con los que comerciamos, debe ser vigilado con toda atención. Es necesario reconocer que en estos años no se ha hecho un mal trabajo en ese sentido. Nuestro país debe seguir haciéndolo, en una situación más peligrosa.
dos comentarios, menores
como dijo Connolly a los europeos cuando dejaron flotar el dolar, el dolar es nuestra moneda pero su problema
y los que la pasaron peor fueron los franceses Abel
http://krugman.blogs.nytimes.com/
saludos cordiales
Lo que explica la especulación en los comodities de granos y otras materias primas, a lo que China les responde con las tierras raras; escapar de la inflación es imposible, los alimentos tienen que subir si o si, dado que los granos empujan toda la cadena de alimentos.
Los ingleses deberían hacer lo contrario a lo que aconsejan los expertos, o sea pasarse a la convertibilidad, lo único importante es pegarla con la tasa, no como los españoles que nunca se imaginaron que el Euro iba a pasar de 0,80 a 1,50. Después de eso un poco de arena en el sistema como decía Tobin, que debería ser compartido y gestionado entre los centros financieros y el FMI.
Siempre hay que tirarle un hueso a los perros.
[...] This post was mentioned on Twitter by Guillermo Quijano, Abel B. Fernández. Abel B. Fernández said: La guerra cambiaria: http://t.co/plyOSHS [...]
[...] nada permanece estático. Ya hablé en este blog de la “guerra cambiaria” que amenaza (bah, que según los paulistas, EE.UU. ya ha comenzado). Esta semana, el [...]
[...] ministros de Economía, también en Corea del Sur, y que comentamos hace 20 días en este blog, en “la guerra [...]