En su momento me pronuncié en este blog a favor de la reforma de la Ley de Medios Audiovisuales, sin demasiado entusiasmo, eso sí. Dije “es un buen paso. Sus aspectos positivos: en el plano cultural, la legalización de emisoras independientes; en el político, la derrota de un grupo económico que adquirió demasiado poder a través de los medios que controla, compensan muy positivamente, me parece, el aumento en la capacidad de influencia que le da al Ejecutivo nacional, incremento que es – por razones tecnológicas y jurídicas - más formal que real“.
Sigo pensando lo mismo. Separo la actual batalla de Papel Prensa, que me parece un conflicto estúpido e innecesario por el control de una papelera mediana, que sólo sirve para alimentar el mito del Kirchner que se apodera de todo el poder. Lo llamo un mito no porque crea que al Néstor no le gustaría: el punto es que no puede.
Resumiendo mi opinión sobre esa ley, afirmo que la experiencia local e internacional de los Estados indica que una ley discutida a la luz pública – imperfecta, naturalmente – es infinitamente mejor, y se presta menos a abusos, que una disposición legal obsoleta, veinte veces modificada por decretos y resoluciones administrativas. Los negocios y los negociados florecen en la oscuridad legal. Y si fue impulsada por una coalición coyuntural, sin “consenso” ¿cómo creen que se aprueban las leyes que afectan intereses en el mundo real?
Eso sí, también recordaba en ese post el resumen magistral de Daniel Paz ”- Esta ley, ¿nos impedirá tratar a los televidentes como idiotas? – No. – Entonces ¿por qué estamos en contra? ”. Puedo decir que tampoco garantiza que el Estado, en su accionar cotidiano, se acerque a la intención de democratizar los medios que se proclamaba para aprobar la ley.
Por lo menos, eso es lo que me parece después de leer esta nota de Pablo Sirvén, a quien considero uno de los críticos de espectáculos más legible. Dice “las (radiodifusoras) que están percibiendo una poderosa inyección de dinero público son, asombrosamente, las emisoras porteñas más importantes de la Capital: Radio 10 y Radio Mitre. La primera se ufana de ser la emisora más oída del país; la otra forma parte del Grupo Clarín, que el Gobierno hostiga casi a diario. Hay una tercera, Radio Belgrano, del ex banquero Raúl Moneta, que también se acogió al beneficio“
“El beneficio se llama Programa de Recuperación Productiva (Repro) y lo otorga el Ministerio de Trabajo de la Nación a aquellas empresas que se consideren en “situación de crisis”. “Este programa -aclara el instructivo que deben llenar las compañías que aspiran a recibirlo- brinda a los trabajadores de las empresas adheridas una suma fija mensual no remunerativa de hasta 600 pesos y por el plazo de 12 meses, destinada a completar el sueldo de su categoría laboral, mediante el pago directo por Anses.” Claro que para acceder a él “las empresas deben acreditar la situación de crisis por la que atraviesan, estipulando las acciones que piensan desarrollar para su recuperación y comprometerse a no despedir personal”.
Hasta agosto último, los subsidios transferidos al sector privado por parte del Estado se elevaban nada menos que a 32.643 millones de pesos. El Repro en particular reparte entre 1493 empresas (casi todas pymes) 197.382.250 pesos“
No estoy haciendo una crítica al Ministro de Trabajo. Tomada me parece uno de los ministros más eficaces, si tenemos presente que son colaboradores del Presidente. Y – como aclaré muchas veces – no conozco a fondo la realidad de los medios. Digamos que es un recordatorio más que el Estado es – desde Sumeria acá – una burocracia que administra intereses y conflictos complejos. Y los “relatos”, como “la lucha contra los monopolios de la comunicación”, o “el enfrentamiento con el autoritarismo kirchnerista”… son relatos.
Escrito por Abel B.
Escrito por Abel B.
Escrito por Abel B.