otra discusión, por encima de la soja

Desde el 26 de marzo he estado escribiendo sobre el conflicto del campo. Pienso que dije algunas cosas válidas y que, claro, me ha quedado mucho por decir. Igual, estoy seguro que cualquier compatriota que tome en serio el tema puede acceder a toda la información que necesite para formarse su propia opinión. Pero… creo que hay que asumir que también ha quedado sobre la “mesa” un problema más profundo que las políticas del gobierno y que los números de la explotación agrícola (importantes como son). Que es necesario debatir más profundamente de lo que hasta ahora se ha hecho sobre esta “República sojera” que hemos construido. Lo digo sin ironía ni rechazo, pero también sin un particular entusiasmo: La Argentina es hoy sojera por el rol clave que juega en sus exportaciones, no demasiado distante del grado en que – por ejemplo – Venezuela es petrolera.

¿Tenemos presente que hace 40 años para la inmensa mayoría de los argentinos la soja – si la conocían – era una planta que comían los japoneses? Como se transformó en lo que es hoy para nosotros es en sí una epopeya, que todos los sábados recuerda, desde el suplemento rural de Clarín, Héctor Huergo. Es una historia triunfal de empresarios y técnicos argentinos (y de algunas multis, como Monsanto), que hace que un hombre con el oficio político de Duhalde no tenga dudas: tenemos que plantar el doble. De todas formas, para empezar a discutir me parece que no hace falta reiterar el lado “pro-soja”; la realidad del agro como actividad económica, las necesidades del Estado, garantizan que se va a seguir plantando.

Por eso quiero empezar con algunas de las críticas más duras, las de Jorge Rulli. Hay planteos más moderados que los suyos, y – a lo mejor – más acertados. Pero, por lo que dije antes, si la soja debe dejar de ser cultivada en forma masiva, será porque estemos convencidos que su cultivo destruye a la ecología y a los seres humanos. Si no, seguiremos sembrándola.

Yo lo respeto a Rulli por su trayectoria, su sinceridad y su elocuencia. Pero es difícil resumirlo. Igual tengo que hacerlo, o esta entrada sería mucho más larga de lo que va a ser. Su pensamiento está completo en su blog y en el site del Grupo de Reflexión Rural. Y para (empezar a) poner otro lado de la discusión, tuve la suerte que Leonardo Cofré (lcofre@hotmail.com) me enviara una nota que compuso después de escuchar una charla de Rulli. Digo suerte porque no pienso que el “otro lado” es decir que las afirmaciones de los que condenan a la soja son infundadas o delirantes. Toda actividad humana tiene sus costos, y es muy de cada uno decidir cuáles son los costos “aceptables”. Lo que encontré valioso en lo que dice Leonardo es que él, como periodista y militante, se pregunta después de escuchar esas críticas ¿Qué hacer? Y no siente que le dan una buena respuesta. Léanlos:

Habla Jorge Rulli:

¿Qué nos está pasando a los argentinos que, de pronto no podemos dejar de obviar al campo? Durante años fuimos un “planeta urbano” en el que había que embaldosar la quinta del abuelo, sacar el limonero para poner la pelopincho, encementar las plazas y pavimentar las calles… y ahora es como que el campo se nos cayó sobre las cabezas…. Resistimos cuanto pudimos para no darnos cuenta que ese otro mundo hostil y abominablemente bárbaro, estaba más allá de los límites de la ciudad. Reprimimos todo lo posible la conciencia, nos negamos a comprender los orígenes de las enfermedades que de pronto, comenzaron a pegar fuerte en las poblaciones urbanas: la Leishmaniasis, el dengue, el hanta, hasta las garrapatas, todas ellas arrancados de sus ecosistemas de jungla o de bosque y que ahora junto con sus vectores naturales, se hospedaban en el tejido urbano… Nos acostumbramos sin quejarnos a comer la carne de feedlot con hormonas y engordada en base a soja y cama de pollo saborizada, y dejamos de recordar los hermosos y jugosos bifes de nuestra infancia. Nos olvidamos de la leche fresca que nos dejaban en la cocina de la casa familiar cuando éramos pibes y aceptamos darles a nuestros hijos esa porquería reconstituida que nos venden en sachet.

….

Y llegó el paro agropecuario y se acabó la fiesta, se cerraron las carnicerías y nos racionalizaron los fideos y la harina en los supermercados. Solamente dos paquetes por persona. Comentaban las doñas…Qué vergüenza que estas cosas ocurran en la granja del mundo, en el país que tiene la mejor carne del mundo… ¿Qué granja del mundo? ¿Qué mejor carne del mundo? No se dieron cuenta todavía que hace diez años somos una republiqueta sojera? ¿Cuantas veces lo dijimos y no nos creyeron, o acaso les entraba por un oído y les salía por el otro? Pero ahora la Señora presidenta luego de un curso de conciencia veloz, nos habla con solvencia de la sojización y del glifosato. ¡Qué maravilla! Qué ha pasado que descubrimos de golpe y porrazo que el día de los trífidos no era solamente una novela que leímos en nuestra adolescencia cuando la ciencia ficción estaba cargada de significantes movilizadores y no, tal como ahora, de presagios aterradores? La Señora Presidenta no solo descubre el Glifosato, ese liquido supuestamente inocuo que Trucco, el presidente de AAPRESID, en la película “Soja: panacea alimentaria o arma silenciosa”, que filmara en el 2003 Nicolás Sarquís, afirmaba que podía beberse como el agua… Y del que la Argentina gracias al SENASA ha usado como herbicida altamente sistémico, tal vez más de ciento ochenta millones de litros anuales, durante los últimos diez años ininterrumpidamente… sino que también, descubre la traición a sus afectos, ya que el Senador Urquía que la acompañara tanto con su comprensión y con su amistad en los últimos años, rápidamente pone ahora distancia y opta decididamente por preservar los negocios que según esta probando nuestro amigo Mario Cafiero ante la justicia, realizaba con impunidad desde sus altas posiciones en el Senado, siendo a la vez juez y parte, y legislando a favor de su propia empresa aceitera y de producción de Biocombustibles.

Y los funcionarios… que pretenden que los ayudemos, como si algún funcionario se preocupara por hacer algo al respecto, más que dar manotazos de ahogados y responder a cada estímulo con un gesto de supuesta autoridad y de aparente sensatez que pueda tener buena imagen en los medios. En la reunión entre los sellos de goma que pretenden expresar el problema agrario argentino y el antiguo “apparatchik” de los setenta que como en los mejores buenos viejos tiempos conserva el arma sobre el escritorio, cuando se le menciona al joven ministro de Economía el Secretario de Comercio comenta: “ese pendejo tiene menos calle que Venecia”… y los viejos patricios reblandecidos reniegan entre sí en sus comunicaciones privadas, a las que por casualidad tuvimos acceso: “qué lenguaje tan impropio para un alto funcionario…”. Se horrorizan…Si es como para alquilar balcones… pero en realidad es una tragedia, es la tragedia argentina por excelencia, la de ser tan mestizos, y a la vez el habernos conformado tantos años con decir que descendíamos de los barcos… y tal vez por esa cosa tan portuaria e impostada, nos negamos a saber que más allá de lo urbano existía el campo y ahora que el campo se nos desplomó sobre la cabeza, pretendemos encontrarle soluciones rápidas al problema.

No hay solución alguna mientras continuemos sin asumir el necesario rol del Estado, y no podremos asumir el rol del Estado mientras en el área de Agricultura e incluyo la SAGPyA, el INTA y el SENASA, dominen las instituciones los funcionarios ineptos o acaso cooptados por las empresas del Agronegocio y por las Corporaciones. El área es como un foco infeccioso de la Argentina institucional, y cuando hablamos de ausencia del Estado en realidad estamos faltando parcialmente a la verdad o encubriendo con pudor nuestras vergüenzas. Todo el modelo biotecnológico que nos convirtió en Republiqueta sojera se armó desde la CONABIA y desde el INASE bajo la mirada de sucesivos Secretarios de Agricultura y Ministros de Economía, todos los insumos tóxicos que envenenan a nuestros niños y a nuestros ríos son habilitados con impudicia por el SENASA, y todas las tecnologías y modelos productivos con dependencia a insumos que subordinaron el agro a los nuevos colonialismos de la Globalización, fueron concebidos y ensayados cuidadosamente por el INTA, incluyendo la alimentación del ganado en encierro con la cama de los criaderos de pollos saborizada con químicos para recordarle al pobre animal el gusto de la alfalfa… pobre animal es una expresión piadosa pero escapista, en realidad deberíamos apenarnos de nosotros mismos que comemos esa basura como carne y que tenemos esos funcionarios increíblemente contumaces, renegados, inescrupulosos, venales y entregados con pasión a servir los nuevos parámetros de la gran escala, de la dependencia tecnológica y de las ingestas de comida chatarra.

Hablemos claro, el modelo biotecnológico de producción de commodities es la nueva colonización de la Argentina, y esa colonización ha sido respaldada por los viejos militantes setentistas sin pudor alguno, para peor, justificándose con los viejos manuales, tanto del marxismo como del pensamiento nacional, y además, batiendo ahora el parche del golpe de estado liderado por los fantasmones, los sellos de goma y algunos empresarios que hasta ayer eran la burguesía lúcida a la que se respaldaba para que extendieran sus negocios en los países hermanos de América latina unidos por el sueño de un Socialismo del siglo XXI. No pueden eludir su extrema responsabilidad, se ceguera y su porfía progresista, durante años nos invisibilizaron, y menoscabaron todas las denuncias que realizábamos sin descanso y por todos los medios a nuestro alcance.

Tememos con fundadas razones que esta crisis del campo, sea el preludio de males mayores. Porque este modelo es una bomba de tiempo, porque vienen por delante la producción de Agrocombustibles y los fondos de inversión. Porque detrás del humo y de las quemas podemos dar por seguro la instalación del modelo de la soja en las islas lechiguanas y de San Pedro, y ello significa que el modelo sojero continúa avanzando hasta los límites en que no se preveía la posibilidad de agricultura industrial. Porque los cortes de ruta y la protesta han ocultado el papel de los Exportadores, el que operen como cobradores del tributo de exportación en nombre del Estado, y que además, triangulen y subfacturen. Toda devolución de retenciones tal como ahora se intenta, no solo no son ninguna solución, sino que no va a hacer más que fortalecer la sojización a la vez que subsidiar aún más todavía a Cargill, a Bunge y al resto de los exportadores. Sencillamente, porque le aseguran al productor el poder continuar haciendo soja como hasta ahora, y porque los exportadores continuarán reteniendo el cuarenta por ciento, pero cuando conviertan los porotos en biocombustibles subsidiados o en carne de feedlot, tributarán mucho menos y la diferencia que le sacarán al productor y que ahora repondrá el Estado no es poca. Repetimos, este modelo es una bomba de tiempo y no sabemos todavía cuantas amenazas entraña. Pretender desarmarlo en Santiago del Estero o en Formosa como algunos intentan, no solo es ilusorio sino que hasta puede ser funcional al modelo mismo, en especial cuando confundimos, tal como se confunde, la resistencia al modelo con el desarme del modelo. Bastaría que el Gobierno, le pusiera límite a la expansión de la frontera agrícola en las provincias del norte para que muchas construcciones de pensamiento contestatario, tradicionales desde la izquierda, quedaran sin razón de ser.

Este modelo no se desarma en los límites, en los límites se resiste y se deberían proponer desarrollos locales y Ecolocalismo. Este modelo debería ser desarmado en la zona núcleo y en especial en sus complicidades dentro del Estado, y para ello necesitamos depurar la Secretaría de Agricultura, el INTA y el SENASA, así como los organismos de investigación científica que los respaldan tales como el CONICET y la UNIVERSIDAD, desde una ciencia que han puesto al servicio de las empresas. Necesitamos auditar la exportación de granos y avanzar en el control de los puertos, cortando la hemorragia de riqueza y energía del trabajo argentino que se llevan impunemente las Corporaciones granarias. Necesitamos, asimismo, respaldar las producciones destinadas al mercado interior con precios sostén, con zonas protegidas y con ferias locales. No es complicado, tan solo se requiere una cierta capacidad de decisión y abrir el juego de los nombramientos de funcionarios, escapando a los corralitos de los remotos años setenta, los propios de la provincia de Santa Cruz y los enroques permanentes de cuadros que ponen en evidencia tanto la desconfianza como la inseguridad, pero sobre todo, la tremenda incapacidad para generar un Proyecto Nacional tal como el que necesitamos.

LA SOJA QUE NOS PARIO: Por Leo Cofré

Se podría aseverar que si bien la soja no es la madre de todas las batallas, podría ser la madre del borrego

Si algo tienen los problemas estructurales es que son definitivamente verdaderos, tangibles, no son producto de brotes ni ensayos políticos y/o etílicos.

Puede ser dado pensar que al menos al encapsular la problemática socio-política argentina en una planta de soja, conlleve algunos puntos positivos, a saber: discutir un modelo de nación, hablar de distribución de la riqueza, de reestructuración de un sector principal y por lo tanto de todo lo que lo rodea: caminos, ferrocarriles, política aduanera, gravámenes, impuestos, subsidios, preservación de los valores autóctonos, unitarismo, federalismo, representatividad de sectores e integración regional. Tipo de cambio.

1800 DIAS

Si después de la crisis económica que atravesó la Argentina es factible hablar de los problemas de la abundancia, o de cómo redistribuir riqueza y no de amalgamar la pobreza, podría afirmarse sin temor de ser calificado como oficialista que estos problemas se han planteado básicamente desde hace un corto tiempo para acá.

Es bueno recordar que hace 1800 días se estaba discutiendo si se realizaba una segunda vuelta electoral con Carlos Menem. Es justo decir que lo virulento de las circunstancias y de las medidas establecidas por los gobiernos K y en parte por el tandem Duhalde-Lavagna dan el marco posible de esta discusión.

A propósito, mucho se habla de doble discurso y en particular del gobierno, tanto de Cristina Fernández de Kirchner como de Néstor Kirchner, sin mayor análisis, también podría aventurarse que esto: tener un doble discurso, a veces puede ser mejor que tener uno sólo, por ejemplo la enajenación de empresas y recursos del estado, creer en el mercado a rajatabla y en el derrame o en la privatización. Lo univoco tiene sus consecuencias.

Algunas de estas cosas pensé en la postrer noche luego del debate en la Oesterheld, ese lugar cálido y cargado de fuerza, de heroísmo, de ejemplo militante, quiero decir: de vida. Es imposible salir de ahí y no rumiar lo sucedido junto a algunos amigos.

UNA NOCHE CON RULLI

La invitación prometía una charla amigable con un entrañable compañero, Jorge Eduardo Rulli (miembro del Grupo de reflexión rural), la persona ideal para poder establecer esta problemática, alguien que conoce además de luchas personales y sociales que contribuyeron a que estemos aquí debatiendo entre compañeros estos temas, temas que lo ocupan desde un largo tiempo.

Lo primero que me llamó la atención del relato fue la utilización de la primera persona. El racconto de las dificultades del camino, de la mezquindad del poder y de la solución tangencial que veía del tema campo. Sumado al logro, notable, inédito casi, y ya no tan personal de que se reestablezca su programa en Radio Nacional, sin duda un acto de toda justicia.

En el medio de todo esto es donde cobra fuerza el titulo de esta nota, La Soja Que Nos Parió, a algunos recienvenidos al tema, como un servidor, montando en él para discutir otra cosa, y notar como es difícil objetivar los verdaderos temas que nos importan como nación.

No dudo de lo dificultoso que le puede ser a alguien tan imbuido en un tema exponerlo a los legos, pero me pareció paradójico que también esta característica se le achaque al gobierno. Comparto por lo expresado allí, que el tema no hubiera pasado a mayores si se hubiera manejado correctamente. Problemas de comunicación, nadie los puede ignorar ni barrer debajo de la alfombra, pero me preguntaba si no será este un problema del conjunto de los argentinos, el comunicar algo. Me lo pregunto incluso cuando tecleo esta nota.

La sensación era como que Rulli le estaba hablando de una cosmovisión a través del problema, y no exponiéndolo para su comprensión. Si bien su tono era moderado en las críticas, era difícil ver en lo expuesto por Rulli un eje que no fuera más que de incomprensión o incompetencia por parte del gobierno. Sin que en ello apareciera el contexto socioeconómico que nos deja en las puertas de este problema, o el contexto económico internacional o regional, más que para marcar lo confundido que países vecinos estaban al rendirse a la soja. Contó algo alarmante: Sectores del Paraguay están colonizados por la soja, los intendentes de estos pueblos, gracias a una ley de residencia, son brasileños y arrasan estos pueblos con su nacionalidad y sus cultivos. Aquí el fantasma de algunos nombres propios (emblemas empresariales) comienzan su danza macabra; aquí aparece Cargil como el regidor de una política y de un destino que con tono de augur venimos, según Rulli, cumpliendo nosotros y hasta el Pepe Mujica en el Uruguay, para no irnos tan lejos.

No pretendo decir que el problema sea solo de Rulli ni de lo expuesto, solo pensaba en lo empantanado que esta el tema, soy un ignorante de todo el trabajo que viene realizando él y su grupo, se de la buena fe que lo mueve, pero me preguntaba por que es tan difícil encontrarle la punta a esta vaina. En que oscuridad nos han encerrado tanto tiempo que posibilita esta pasmosa facilidad de ser turcos en nuestra propia neblina.

Luego de que alguien le preguntara al final de la charla-exposición por el trivial y molesto humo que estos días azota la ciudad y lugares mas cercanos a las islas del Paraná que a sus preocupaciones, me di cuenta que su charla había sido una expresión más de un sector que la vocación de entender lo que nos pasa en conjunto y menos algún atisbo de solución que no sea desojizar la patria y ya.

Me di cuenta, para no escaparle a la primera persona, que la soja habitaba en lugares más recónditos que los fértiles suelos de la pampa y que como semilla maldita se aferraba a los pensamientos y a las actitudes de todos nosotros, de cada uno. Que la soja finalmente nos había parido.

4 comentarios para “otra discusión, por encima de la soja”

  1. Carlos Dice:

    Estimado Abel:
    ¿Porqué hay que desojizar? El problema es otro: la falta de un ordenamiento territorial que establezca de una buena vez y ,mas o menos para siempre, cuáles son las tierras agrícolas. Esto es, terminar de una buena vez con esta famosa “expansión de la frontera agropecuaria”.
    A ningun farmer yanqui -USA es el primer productor mundial- se le ocurriría desmontar una hectárea de bosque para sembrar soja, por la sencilla razón de que va en cana, invoque la enmienda que quiera invocar. Ni sembrar al otro lado de la calle límite de un barrio residencial y regar sus sembradíos con glifosato, porque lo incendian vivo.
    Una vez establecidas esas superficies, que cada cual siembre lo que quiera. Allí, sí, deberían estar el INTA y las secretarías de agricultura advirtiendo qué pasa cuando se siembra soja, etc. etc.
    La oposición de los Kirchner no es una banda de delincuentes imperialistas y se la han buscado ellos solos. Esto no tiene nada que ver con peronismo – antiperonismo, como nos quieren hacer creer nuestro matrimonio real y algunos de los bufones de su corte. Mi enemigo es Urquía, a quien los Kirchner sentaron en el Honorable Senado de la Nación, no De Angeli, a quien ahora la SIDE investiga a fondo para saber dónde se le puede pegar.
    Un abrazo.

  2. Abel Dice:

    Estimado Carlos:
    Tu planteo me parece muy sensato. Claro, yo estoy de acuerdo con vos, y pienso que las afirmaciones de Rulli están equivocadas; reflejan una ideología antitecnológica, antimodernista, que se vende a sí misma como verdad absoluta.

    Pero tengo dos preocupaciones. Una, estoy seguro que la compartimos: el Estado que tenemos hoy no está en condiciones de hacer cumplir un ordenamiento territorial inclusivo, si existiera. Y construir el Estado que necesitamos no está, evidentemente, en los planes del gobierno; quizás, no está en su capacidad.

    Y la otra preocupación es la que me llevó a publicar esta larga entrada: los planteos ambientalistas extremos, en los que Rulli cree y presta el aval de su militancia y su sinceridad, influyen en el “clima de opinión” de una buena parte de nuestra sociedad, especialmente entre los jóvenes, aunque ellos no suscriban todo lo que dicen, aunque el tema, en el fondo, tenga poco que ver con su vida de todos los días. Pero queda legitimado, sin ser examinado a fondo, como una “causa” nacional. Algo parecido pasó hace poco y nos llevó a un serio conflicto con Uruguay. Algo parecido pasó a fines de los ´60 y principios de los ´70, y tampoco terminó bien.
    Un abrazo,

  3. Carlos Ramis Dice:

    Como bien decís, ese Estado existió pero ya no existe, y no va a ser en Kirchnerlandia donde aquel Estado sea reconstruído. Habrá que esperar. Lo que sí te adelanto es que el día que un gobernante abra “oficialmente” el debate sobre ordenamiento territorial la cosa va a ser para alquilar balcones.
    En cuanto a lo otro, creo que no es para preocuparse tanto. En todo caso, me quedo con el GRR antes que con Greenpeace o la Fundación Vida Silvestre.
    Un abrazo.

  4. Mariano T. Dice:

    Rulli es un delirante.
    Les propongo el siguiente ejercicio, bajen a la mitad la tasa de incremento de rendimientos por hectárea del mundo durante los últomos 30 años. Y proyecten los datows de producción total y per capita del mundo. Y después me cuentan.

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