Queridos amigos, es inútil disimular. Yo estoy con fiaca en estos días finales del 2007. Y ustedes… las estadísticas de esta página y de “El hijo de Reco” que brindan los servers del Imperio – ese que además manipula valijeros, como dice Cristina - los denuncian con claridad: las entradas aumentan en los días laborales. Ustedes leen – o imprimen – estas notas en sus lugares de trabajo. No tiene sentido que en estas horas finales elabore un argumento complicado – que, después de todos los brindis, ya no podría hacer.
En realidad, yo tenía algo preparado sobre el tema de (lo sabían!) la valija que trajo Antonini en el marco de la política internacional, pero – eso pasa con los blogs – algunos mails de amigos me hicieron pensar que hay cosas más importantes, y por eso envié urbi et orbi una reflexión sobre la Navidad (es el post anterior). Pero tengo demasiada debilidad con esas dos chicas jodonas, la política y la economía (juegos para adultos, decía Heinlein) y las recuerdo al cerrar este blog hasta el año que viene (donde volveré con don Antonini – porque en la Florida es invierno – y las aventuras de Clarence y Judy en la selva colombiana).
Como, ya lo dije, no tengo ganas de trabajar, recojo dos notas recientes en La Nación, nada menos: en una, Axel Kicillof – que de eso sabe – escribe sobre Keynes y el desarrollo. Vale la pena leer en el diario de la flia. Mitre lo que decía JMK “Espero ver al Estado, que está en situación de poder calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital a largo plazo sobre la base de la conveniencia social general, asumir una responsabilidad cada vez mayor en la organización directa de las inversiones”. Por supuesto, ahora sabemos las macanas que puede hacer el Estado (pregúntenle a los rusos), pero también es necesario saber que no hay otro para encargarse de algunas tareas (pregúntenle a los bancos yanquis que tratan de salvarse de la crisis de las hipotecas).
Y dejo para el final algo que quisiera haber escrito yo: La hora de los no políticos, de Jorge Fernández Díaz. Salió el jueves en La Nación, y también lo tomó Ignacio Fidanza – el hijo de Amílcar – en La Políticaonline. Pensándolo bien, tal vez encuentro su visión de el día a a día de la política demasiado teórica, propia de alguien que no lo es, pero la claridad con que describe la diferencia entre políticos y administradores… vale la pena leerla.
Feliz año nuevo
Escrito por Abel B.